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¿QUÉ ES LA ARQUITECTURA ABIERTA?
Lo que denominamos como arquitectura abierta
es una plataforma de inversión que
permite a los inversores acceder a una gama
extensa de productos de terceros sin que se de preferencia a unos fondos sobre otros. La idea de la arquitectura
abierta es el poner a disposición
de los inversores cualquier tipo de fondo
de inversión de cualquier gestora a la que pueda
tener acceso, sin que exista ningún sesgo en
cuanto al tipo de producto o la identidad de la
gestora.

PRINCIPIOS Y VENTAJAS DE
LA ARQUITECTURA ABIERTA
La arquitectura abierta se basa en realidad sobre
dos ideas muy claras. La primera es que ninguna
gestora individual por muy grande que sea
puede ofrecer a sus partícipes todos los tipos de
activos posibles e imaginables (.
El otro principio en el que se basa la arquitectura
abierta es que ninguna gestora es buena en
todos los tipos de fondos.

Las ventajas de la arquitectura abierta son obvias
para el inversor particular. La primera de ellas es
que evidentemente la estructura de arquitectura
abierta permite al inversor tener acceso a una
mayor gama de productos y, por lo tanto, a una
mayor gama de tipos de activos que el inversor
tradicional. Esto hace que tendrá en la práctica
mayores posibilidades de conseguir una diversificación
de cartera adecuada para su situación particular.
La segunda ventaja, derivada directamente de
los conceptos sobre los que reposa la arquitectura
abierta, es que permite al inversor tener acceso
a los mejores gestores. En este caso no se trata
como en el punto anterior de una ventaja en términos
de cantidad sino de calidad.
Una tercera ventaja de la arquitectura
abierta se sitúa en el nivel de homogeneización
de la información que ofrecen las plataformas
de supermercados. En efecto, muchas
de ellas presentan la información de la misma
manera para todos los fondos presentes en la
plataforma lo que facilita la comparativa entre
productos y la construcción de carteras de
fondos.
La arquitectura abierta también ofrece una
ventaja operativa importante para el inversor
particular, por ejemplo en lo que respecta a
traspasos entre unos fondos y otros, lo que se
traduce en una mayor flexibilidad y, en última
instancia, en una mayor eficiencia para el
inversor final.
Es innegable, en todo caso, que la arquitectura
abierta ha aportado un mayor grado de
competencia a la industria de fondos de inversión
en nuestro país. No sólo porque supone un
aumento notable en el espectro de inversión
del partícipe, que ya no está condicionado a los
productos propios de su entidad financiera,
sino sobre todo porque permite comparar de
una forma rápida y sencilla los fondos entre
ellos. Esta mayor competencia entre productos
redundará, tarde o temprano, en una mejora
de la gestión ya que hay que suponer que en
una estructura abierta son los productos que
ofrecen las mejores prestaciones los que sacan
ventaja.
Otra de las aportaciones de la arquitectura
abierta es el hecho de que permitir al cliente el
acceso, a través de una sola plataforma, a las tres
partes del modelo tradicional de distribución de
fondos, a saber la información, la intermediación
y el asesoramiento sin pagar por cada servicio
por separado.
El asesoramiento, que puede tomar varias formas,
desde la confección de listas de fondos preferidos
a la propuesta de carteras de fondos en
función del nivel de riesgo del cliente, es sin
duda uno de los grandes beneficios que pueden
recibir los inversores particulares que accedan a
una estructura de arquitectura abierta o semiabierta.
Desde el lado de las gestoras de fondos, el
elemento positivo de la arquitectura abierta
reside evidentemente en la posibilidad de acceder
fácilmente a un gran número de inversores
tanto institucionales como particulares. En contrapartida
tienen que ceder parte de su comisión de gestión a la plataforma para poder estar presente en ella.

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