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Hoy en día, todo el mundo debería tener claro que la necesidad de completar la pensión pública a través del ahorro privado es fundamental. La viabilidad del sistema de pensiones públicas no está asegurada y es necesario encontrar otras formas de obtener ingresos.

En el mercado actual existen muchas oportunidades de ahorro a largo plazo para la jubilación, cada una con unas características concretas, y como todas no son igual de eficientes, es preciso analizarlas.
Planes de Pensiones (PPI)
Los planes de pensiones son los tradicionales productos diseñados para ahorrar de cara a la jubilación por su idoneidad para ahorrar a largo plazo y por sus ventajas fiscales, pero cuidado: son ilíquidos y el patrimonio ahorrado se queda en las cuentas de las entidades financieras hasta el momento del rescate.

Antes de contratar un plan de pensiones, considera estos tres aspectos:
Su fiscalidad al rescate es catastrófica. Aunque es cierto que las aportaciones a planes de pensiones son deducibles fiscalmente, al jubilarse se declaran como rendimientos del trabajo. Por esto podrías pagar, en el futuro, más impuestos de los que inicialmente consigas ahorrar.
Su rentabilidad es escasa.
Generalmente, los planes de pensiones presentan unas comisiones de gestión más elevadas que los fondos de inversión y con una gestión que deja bastante que desear. Hay algunas excepciones como los planes de pensiones de Fibanc, azValor, Cobas, Bestinver, Magallanes, Metagestión, entre algunos otros.
Otro inconveniente de los planes de pensiones es su falta de liquidez. El dinero que ahorres no podrás recuperarlo hasta que te jubiles.Solo se puede recuperar antes en casos excepcionales, que no se los deseo ni al peor de los enemigos: paro, enfermedad grave, invalidez…
Con respecto al plan de pensiones es preciso hacer dos consideraciones:
Si no lo tienes, no lo contrates.
Si lo tienes, no aportes un céntimo más.
De estas dos consideraciones sólo estás exento si ganas más de 50.000 euros/año; en cuyo caso, es una herramienta fiscal decente en la renta anual. Aunque no tenemos claro que compense existiendo otros productos.
Plan de Previsión Asegurado (PPA)
Tiene las mismas características que los planes de pensiones, salvo que tienen una rentabilidad garantizada.
Estos productos son interesantes para personas con una edad cercana a la jubilación y que no quieren estar expuestas a las fluctuaciones de los mercados financieros.
La clave aquí está en buscar un producto que garantice u tipo de interés superior a la inflación y que nos permita mantener el nivel de vida deseado tras la jubilación.
Como en el caso de los planes de pensiones, aquí también existen buenos productos tales como el PPA de Generali, Allianz, etc.
Pese a todo esto, el consejo sigue siendo el mismo que el de los planes de pensiones.
Plan Individualizado de Ahorro Sistemático (PIAS)
Es la gran estrella en la planificación de la jubilación. En el mercado no hay muchas opciones ya que en principio quedó en manos de las aseguradoras y los bancos no entraron en su comercialización, anclados en los viejos planes de pensiones. Sin embargo, la película está cambiando y los bancos quieren su parte del pastel. Probablemente aflorarán PIAS de todos los colores, olores y sabores, pero es necesario tener cuidado a la hora de elegir el mejor producto. En la mayoría de los casos se vende como producto de inversión a 5 o 10 años, cuestión que desaconsejo categóricamente, ya que el fin del PIAS es cubrir la jubilación.
Las tres características principales del PIAS y que le hacen ser la estrella son las siguientes:
Es completamente líquido. Lo ideal es llevarlo a la jubilación, pero si surge algún imprevisto en pocas horas el dinero está de vuelta en la cuenta corriente.
Es un producto de seguro. Se designa un beneficiario y la compañía en caso de fallecimiento abona directamente el importe al mismo.
Por regla general, además, en caso de fallecimiento las cantidades aportadas están aseguradas, de forma que no se pierde un duro de lo invertido.
La fiscalidad es espectacular pudiendo llegar al 1,44% en función de la edad de rescate del tomador.
Conclusión
El PIAS es el más ventajoso en el caso de elegir una pensión privada porque tributa como renta del ahorro y, adicionalmente, se puede beneficiar de deducciones para reducir la tributación hasta un 1,44%. Así pues, el PIAS es muy interesante para los capitales medios y bajos, los autónomos y para aquellas personas que no perciben retribución del trabajo o de actividad profesional.
Por otro lado, los planes de pensiones permiten retrasar la tributación a cuando se jubilen.
Para mantener el nivel de vida, en este caso, la combinación más ventajosa fiscalmente es aportar al año 10.000€ al plan de pensiones y 8.000€ al PIAS. Aunque esto está condicionado a la capacidad de ahorro de cada uno ya que no todo el mundo puede ahorrar 18.000 euros/año. Si hay que elegir, y no puedes ahorrar esa cantidad, no lo dudes: hazte un PIAS.
Ignacio Guerras Normand

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