Es evidente la poca eficacia que están teniendo los estínulos de los bancos centrales sin que haya reformas estructurales. ASÍ, POR EJEMPLO, EN el programa de estímulos cuantitativos de Estados Unidos se inyectaron casi cuatro billones y la economía creció menos de dos billones.

El QE del Banco Central Europeo -BCE- no está dando los frutos esperados. Durante los 52 meses que ha estado Mario Draghi como presidente de la entidad, sólo ha conseguido mantener la inflación por encima del 2% durante 14 meses, cerca de un cuarto de su mandato.

Pese a que Mario Draghi no deja de elogiar los efectos positivos de su política monetaria, también es obvio que le está costando mucho conseguir impulsar la inflación y, con ella, el crecimiento en la eurozona.

Las estimaciones de futuro del BCE empeoran cada vez que las revisan y también ocurre con el avance del PIB, pronósticos que no son muy alagüeños .

Desde que empezó el programa ya se han inyectado más de 600.000 millones de euros en la economía, comprando deuda soberana por valor de 60.000 millones cada mes -en abril se han lanzado 80.000 millones, ya que en marzo la autoridad monetaria anunció que aumentaba el montante del programa de compras-. En el mismo periodo, el PIB de la eurozona ha crecido en 293.000 millones de euros, menos de la mitad del dinero que se ha metido en la región con el programa.

El cálculo de los tres QE en Estados Unidos, bajo la presidencia de Ben Bernanke, frente al crecimiento bruto del PIB, arroja un resultado similar, pero no hay que olvidar que el periodo en el que la Fed mantuvo en vigor el programa fue mucho más largo -seis años, entre noviembre de 2008 y noviembre de 2014-, y atravesó años más difíciles que el actual, como 2011.

El QE ayudó a evitar caer en recesión en Estados Unidos, aunque no se puede obviar los pocos frutos que se ha sacado con la mayor inyección monetaria de la historia, tanto en América, como ahora en Europa. Las medidas de estímulo están mostrando que no son efectivas para estimular el crecimiento. La liquidez efectiva en el sistema europeo estaba en 125.000 millones cuando empezó el QE, y ya ha superado los 700.000 millones. Así, alrededor de un 75 % está aparcado. El aumento de la financiación a la economía es muy pobre y, sobre todo, la inversión financiera tampoco está creciendo.

¿Por qué no funciona?

El problema está en que los estímulos monetarios pueden suponer un apoyo en un momento de emergencia, por una cuestión de liquidez, pero por sí mismos no potencian el crecimiento. Y es que el avance económico siempre llega por parte de la iniciativa privada . La iniciativa pública debería promover que funcione la privada.

El gran problema de la Eurozona es que las economías de los países están creciendo a dos velocidades. El BCE está intentando atraer inversiones hacia aquellos países más retrasados, pero es imposible crear una demanda de la nada.

Draghi no para de repetir que sus políticas monetarias deben ser apoyadas por reformas estructurales para que sean completamente efectivas, como una rebaja de los impuestos y la inversión pública en infraestructuras que sean productivas, con lo que demuestra que no está contento con lo que están haciendo los distintos gobiernos.

Si se utiliza la política monetaria para perpetuar y aumentar los desequilibrios de las economías y se ataca a la renta disponible subiendo los impuestos, tendrá consecuencias negativas. No se le puede exigir al BCE algo que no está a su alcance.

Un caso distinto es el QE de Estados Unidos ya que «tuvo un efecto de relajación. La economía de EEUU es dinámica y el 80% de la economía real se financia a través del sector privado, no de la banca. Tiene más flexibilidad laboral y no existe el nivel de gasto público y presión fiscal que hay en la Unión Europea. Pese a todo esto, tampoco estimo que no ha sido la política más idónea donde los principales perjudicados son los países emergentes.

El fantasma de la deflación

Igual que el QE de la Fed logró evitar la recesión en Estados Unidos, el del BCE está consiguiendo, al menos por el momento, alejar la deflación de Europa. Teniendo en cuenta la opinión de que el QE puede ser una medida beneficiosa en momentos de urgencia, está justificada su aplicación para intentar evitar la deflación.

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