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Dos semanas después de la celebración del referéndum en el que los británicos decidieron apoyar la salida de la Unión Europea, es el momento ideal de hacer balance provisional de bajas. Sin tener en cuenta los daños políticos producidos (David Cameron, Nigel Farage,…), pondremos el foco del análisis en el aspecto financiero.

El impacto más inmediato y evidente se ha dejado notar en la depreciación de la libra contra el conjunto de las divisas mundiales, descontando la debilidad económica y un escenario de incertidumbre que se cierne sobre la economía británica. Con respecto al dólar, la libra se ha depreciado más de un 13%, alcanzando niveles no vistos desde 1985, una caída cercana al 40% frente a los máximos de 2007. Con respecto al euro, la caída ha sido algo menor, como consecuencia de la incertidumbre que ha provocado en toda la Unión Europea y que ha debilitado igualmente a la moneda comunitaria con respecto al dólar.

En renta fija se ha producido una sobrevaloración de la deuda alemana aún mayor a la preexistente, llevando a reducir la rentabilidad que ofrece la deuda pública, en un efecto combinado de la presión compradora del BCE y el de huida hacia activos refugio por parte de los inversores. Así, la rentabilidad del Bund alemán ha llegado a caer hasta rentabilidades cercanas al -0,20%.

Pero el efecto más sorprendente ha sido el de la renta variable: desde el 23 de junio hasta ayer, el FT100 no sólo no ha caído, sino que se ha apreciado un 3,1%, hasta situarse a menos de un 10% de su máximo histórico alcanzado el pasado año. Este hecho contrasta con las caídas generalizadas de las bolsas europeas, siendo más acusadas en los mercados periféricos (Italia, Irlanda y España), con lo que el Eurostoxx 50 se ha dejado un 8,5% en todo este proceso. ¿Cuáles son los motivos de este mejor comportamiento relativo? Merece la pena detenerse a analizarlos:

En primer lugar, las grandes compañías británicas son netamente globales, y por tanto beneficiarias de la debilidad de su divisa, con la que no sólo ganan en competitividad sino que, a la hora de repatriar los beneficios generados en el extranjero, su contribución mejora sensiblemente. Adicionalmente, cerca de un tercio de los miembros del FT100 son compañías claramente defensivas (alimentación, cuidado del hogar y farmacéuticas), refugio en tiempos de incertidumbre como los actuales. Y a ello se suma el que u n 20% de los componentes sean compañías petroleras y mineras, más expuestas al ciclo global y al precio de materias primas y petróleo, cuya evolución ha sido claramente positiva. Finalmente, las expectativas de nuevas medidas de estímulo económico han servido de soporte adicional. Todo ello ha contribuido a compensar la debilidad de los sectores más domésticos (bancos locales, aerolíneas, comercios…), con el caso extremo del sector inmobiliario, en el que está muy presente la inversión extranjera, y donde hemos visto la suspensión de negociación de varios fondos inmobiliarios, incapaces de hacer frente a los reembolsos por la iliquidez de sus activos.

A largo plazo, es demasiado pronto para establecer el impacto que el Brexit tendrá en la economía británica en particular y en el conjunto de la economía europea en general, pero de momento parece que la bolsa británica refleja una realidad bien diferente a lo que podría haberse esperado en un primer momento. En este sentido, si es usted un ciudadano británico, con sus ahorros en la bolsa local, y no piensa pasar sus próximas vacaciones fuera del país, es posible que de momento vea la situación desde otra perspectiva. Pero, más adelante, el efecto de una libra mucho más debilitada sobre los precios de los bienes importados, la caída de los precios de los inmuebles, y en el crecimiento económico en general, puede que le haga pensar de otra manera.

Por otra parte, La caída de la libra esterlina ejercerá presión alcista sobre la inflación de las importaciones y, al mismo tiempo, la mayor debilidad en el crecimiento -derivada del estancamiento de las inversiones y los volúmenes de contratación de las empresas- frenarán las presiones inflacionarias nacionales.

Las previsiones indican que, por encima de todo, el BdI se centrará en atajar el empeoramiento de los pronósticos sobre la economía doméstica y en gestionar el incremento temporal de la inflación provocado por la caída de la divisa británica, y anticipamos que dicha situación dará lugar a una rebaja de los tipos de interés hasta el 0% antes del cierre del ejercicio.

En caso de que el Reino Unido entrase en recesión, el banco central nacional podría retomar su programa de expansión cuantitativa y, posiblemente, comenzar a adquirir también bonos corporativos.

Una de las consecuencias evidentes del Brexit ha sido el repunte en el yen tras un periodo en el cual la moneda japonesa ya se había fortalecido sustancialmente. Sin embargo, dicha apreciación coloca un obstáculo en el objetivo del Banco de Japón de potenciar la inflación y, en consecuencia, no descartamos que el organismo decrete medidas de flexibilización adicionales.

Del mismo modo, es probable que el BCE aplique más medidas de expansión a raíz del impacto sobre el crecimiento que creemos tendrá el Brexit y el deseo de mantener las tires de la deuda estatal en niveles bajos ante el riesgo de contagio político percibido.

En Estados Unidos, la Reserva Federal ya había rebajado sus expectativas en cuanto al ritmo de incremento de los tipos de interés antes del Brexit, y es posible que la actual incertidumbre económica -amplificada por los resultados del referéndum en el Reino Unido- sea suficiente para evitar que la Fed aplique cualquier aumento en las tasas este verano. Pese a ello, no descartamos incrementos antes del cierre del ejercicio si el crecimiento en EE.UU. repunta en la segunda mitad del año y el mercado laboral del país continúa evolucionando al alza».

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